
Prepárense las primeras planas, porque el siempre impredecible Robbie Williams acaba de dar el golpe en el corazón de Londres y no se guardó absolutamente nada: el ícono pop británico soltó la bomba durante un evento de su marca de ropa y confirmó que fue diagnosticado dentro del espectro autista, sumando este nuevo capítulo a su ya conocida batalla contra el TDAH, y lejos de victimizarse, decidió usar su característico humor ácido para blanquear las rarezas que lo persiguen desde hace décadas.
«Ahora tengo mi tarjeta para salir de la cárcel»
A sus 52 años, el exintegrante de Take That demostró que no le teme al qué dirán y soltó la revelación más sincera de su carrera en medio de una charla con fanáticos y prensa. Con esa desfachatez que lo convirtió en leyenda, el intérprete explicó que este diagnóstico le puso nombre y apellido a muchas de las cosas que le pasan todos los días. Lejos de dramatizar, el músico tiró una frase que ya recorre el mundo entero y que resume su particular filosofía: ahora usa su condición como salvoconducto para justificar cualquier excentricidad ante propios y extraños, apelando siempre a su risa irónica para bajarle el tono a las sombras que lo habitan.
Pensamientos intrusivos y el terror a bordo de un avión
Pero detrás del showman carismático y sonriente hay una mente que no descansa jamás y que a veces se vuelve su peor enemiga. Robbie se animó a desnudar el lado B de su neurodivergencia al confesar cómo convive con un TDAH que lo lleva a obsesionarse al mil por ciento con sus proyectos creativos mientras ignora por completo el resto del mundo, un caos que sus propios hijos sufren a diario. Para ilustrar hasta dónde llega el nivel de estrés y los pensamientos intrusivos con los que lidia, el británico relató una anécdota insólita ocurrida en pleno vuelo, donde su cabeza empezó a maquinar si acaso tenía poderes de telequinesis y podría hacer estrellar el avión con la fuerza de su mente, un delirio de ansiedad pura que hoy prefiere canalizar componiendo y creando sin parar para espantar los fantasmas.
La máscara del arrogante y una vigencia que arrasa
No es la primera vez que el artista abre las puertas de su intimidad para hablar sin filtro de salud mental, ya que anteriormente había comparado sus pensamientos constantes con un Tourette interior y había reconocido el famoso enmascaramiento, esa coraza de soberbia y falsa seguridad que se pliega sobre el escenario para que nadie note la profunda vulnerabilidad que carga por dentro. Sin embargo, ni las crisis existenciales ni los diagnósticos frenan a una megaestrella que sigue pisando fuerte: recién llegado de romper récords históricos superando a los propios Beatles con su flamante álbum Britpop, el británico ya afina los motores para una gira internacional que lo traerá directo a América Latina entre septiembre y octubre, demostrando que su arte sigue siendo la mejor terapia y el imán más potente para cautivar a multitudes.
