
¡Escándalo sin fin! Julieta Prandi, cansada de tanta rosca judicial, volvió a poner el grito en el cielo por su ex, Claudio Contardi. El tipo, condenado a 19 años de prisión por abuso sexual agravado con fallo firme, va por otra apelación y la actriz no se guardó nada: «¡Sería el colmo que la justicia se desdiga!», disparó, advirtiendo que poner en duda una sentencia tan clara es un papelón que dinamita la credibilidad de todo el sistema. ¡Una bomba que ya está haciendo ruido en los pasillos de la justicia!
La mediática conductora no da tregua. Mientras Claudio Contardi, el padre de sus hijos, insiste con una nueva apelación, Julieta Prandi salió a decir lo suyo, y con razón. La audiencia, que será virtual el 12 de febrero, es un capítulo más en una saga judicial que Prandi, con el alma en la mano, ya calificó de «agotadora». ¿Se imaginan? Una condena de 19 años por abuso sexual con acceso carnal agravado, en un contexto de violencia de género, y el tipo sigue pataleando. Julieta fue clarísima: esto es una apelación contra una sentencia «legítima», con pruebas, testigos y todo. ¡Acá no hay vuelta atrás!
«Un camino de mil apelaciones»: El calvario judicial de Prandi
Julieta Prandi no se anda con chiquitas. Explicó que el expediente está en la mesa de Casación, que aún no dijo esta boca es mía, mientras que la Cámara de Apelaciones ya le había clavado un «NO» rotundo a un hábeas corpus presentado por la defensa de Contardi. Sí, leíste bien: esto es un no parar de recursos judiciales. «Es un camino de mil apelaciones y ni siquiera se sometió a una pericia», tiró la actriz, con la voz cargada. Ella participará de la audiencia, obvio, pero solo para escuchar y defenderse ante esta nueva embestida. Y ojo, que si bien es parte del protocolo, Prandi se preguntó, y con justa causa, ¿qué onda con las víctimas? ¿Hasta dónde bancan este desgaste?
«Si la justicia se desdice, ¿qué mensaje damos?»
Julieta Prandi no dejó títere con cabeza. Advirtió, con la fuerza que solo una víctima puede tener, sobre el peligro de que la Justicia dé marcha atrás en una condena que ya está escrita. «Hay una sentencia, testigos, una condena y un juicio legítimo. Una vez que tenemos una condena, hay que sostenerla y dar el ejemplo», afirmó, con el puño cerrado. Para ella, y para cualquiera con dos dedos de frente, la multiplicidad de apelaciones solo le hace el caldo gordo a los agresores. Es un mensaje nefasto para toda la sociedad, una señal de «acá no pasa nada». «¿Si no hay consecuencias, estos tipos siguen avanzando porque saben que pueden?», sentenció la conductora. Y tiene razón: este sistema, lejos de apoyar, termina desanimando a miles de víctimas que, agotadas, bajan los brazos.
El desgaste invisible: «Hacen que las víctimas desistan»
La actriz y modelo también puso el foco en el lado más oscuro de todo esto: la revictimización. «Con tantas instancias hacen que las víctimas desistan, que digan que no pueden más», confesó Julieta, reviviendo años y años de pericias, audiencias y juicios que te vacían el alma. Para ella, esta nueva jugada de Contardi no es un gol en contra, sino una muestra más de cómo funciona el sistema. «Es una apelación más de las mil que ya soporté y estoy segura de que la justicia no va a permitir que suceda algo así, porque sería un chiste», disparó, con la confianza de quien ya vio de todo.
«Mi historia es la de muchas»: El grito de Julieta Prandi
Julieta Prandi, lejos de quedarse en su dolor, volvió a recordar todo lo que sufrió: abusos, estafas, maltratos, una verdadera pesadilla durante su matrimonio. Y si algo aprendió, es que visibilizar su caso sirvió para que otras víctimas se animaran a romper el silencio. Su historia, dice ella, es un espejo de una problemática social mucho más grande, donde la justicia a veces se queda corta, muy corta. Y aunque reconoció las limitaciones de los tribunales, no dudó en bancar a muerte el trabajo del fiscal y de todos los que se la jugaron por ella. «Me sentí sumamente representada y conforme con cómo se avalaron todas las pruebas que teníamos para presentar», cerró Prandi, dejando en claro que, por más palos en la rueda, ella no se rinde.
