viernes, junio 5

Conmoción en la música: murió el Indio Solari, el alma de Los Redondos

La noticia que nadie quería leer llegó y golpeó como un mazazo en el corazón de millones: el Indio Solari, el legendario Carlos Alberto Solari, ese faro inconfundible de nuestro rock, se despidió. Fue en la intimidad de su casa de Parque Leloir, el lugar donde batalló hasta el final contra el Parkinson que lo había alejado de los escenarios en 2017. Pero que quede claro: aunque la enfermedad lo retiró de los grandes shows, el Indio nunca, nunca, dejó de latir al ritmo de la música. ¡Hasta sus últimos días, el mito seguía activo!

Este viernes, el calendario se detuvo para el rock argentino. Carlos Alberto Solari, el eterno Indio Solari, el que encendió la llama de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el que siguió la marcha con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y hasta se dio el lujo de ser El Mister y los Marsupiales Extintos, cerró sus ojos a los 77 años. La causa, ese enemigo silencioso que lo acompañó en sus últimos tiempos: el Parkinson.

El enigma que movió multitudes

Y acá viene lo fuerte: ¿hay otra figura en Argentina que haya calado tan hondo como el Indio Solari? Difícil. Su carrera fue una bomba de éxito artístico, sí, pero también un manual de cómo manejar el hermetismo mediático como nadie. Una relación con su público que fue pura mística, un pacto inquebrantable que lo convirtió en el faro más influyente del rock nacional. No era solo música; era una movida cultural que, por más de cinco décadas, hizo vibrar a millones en cada rincón del país. Sus canciones, sus frases, su forma de ver el mundo… todo era un grito, una bandera.

De La Plata al estallido: así nació el mito ricotero

El 17 de enero de 1949, en La Plata, nacía un pibe que ya traía el chip de artista. El Indio Solari, desde muy pibe, se metió de cabeza en la literatura, el dibujo, la pintura y, claro, la música. Todo eso, que hoy vemos como su sello, lo fue incubando ahí. Y la bomba estalló a mediados de los setenta, cuando junto a Skay Beilinson y una banda de artistas que la tenían clara en la movida platense, le dio vida a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. ¿El detalle? Mientras todos buscaban el contrato gordo, ellos optaron por la vereda de enfrente. Cero compañías discográficas, cero promociones trilladas. Una propuesta distinta, hecha a pulmón y a pura convicción.

«Oktubre» y la fiebre Redonda que nadie frenó

Y claro, esos discos que hoy son la biblia del rock nacional: «Oktubre», «Un baión para el ojo idiota», «Bang! Bang!… Estás liquidado», «La mosca y la sopa», «Lobo suelto, cordero atado» y «Luzbelito». Cada uno, un latigazo. Pero lo del Indio Solari no era solo la música, era la poesía, esas letras que eran un acertijo, un viaje sin escalas que todos querían descifrar. Por décadas, sus frases fueron carne de análisis para fans, periodistas y hasta para académicos. ¡Y todavía hoy se debaten! En los 90, la cosa explotó. Los Redondos llenaban estadios, convocaban a multitudes que nadie había visto antes. No era un show, era un ritual. Un fenómeno cultural que marcó a fuego a una generación.

«El Tesoro de los Inocentes»: la revancha del Indio Solari

Cuando Los Redondos se despidieron a principios de los 2000, la pregunta del millón era una sola: ¿el Indio Solari podría bancar el impacto, seguir moviendo a tanta gente? Y el tipo, genio y figura, no tardó en contestar. En 2004, soltó «El tesoro de los inocentes», su primer álbum solista, pero acompañado por una banda que ya es leyenda: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. El disco fue un bombazo, una prueba de que ese lazo inquebrantable con su público seguía más vivo que nunca. Después, más discos, más shows que eran verdaderas estampidas humanas. Cada presentación del Indio movilizaba a miles de almas de punta a punta del país. Una convocatoria brutal, histórica, de esas que no se ven a menudo en el espectáculo argentino.

El Indio Solari: el misterio que el Parkinson no pudo apagar

El Indio Solari, más allá de los escenarios, era un personaje en sí mismo. Su jugada maestra fue esa distancia deliberada con los medios tradicionales, algo que solo alimentó el mito, la imagen de un tipo enigmático que contrastaba con el estallido de su obra. Y sí, el golpe más duro llegó en 2016, cuando él mismo confirmó lo que muchos temían: el maldito Parkinson había llegado. Esa enfermedad neurodegenerativa, que fue apagando de a poco sus actividades artísticas, no pudo con el fuego sagrado. El Indio siguió ahí, grabando, colaborando, inventando. ¡Un titán hasta el final!

Un legado eterno: el Indio Solari, más allá de la vida

Los que saben de música lo dicen sin dudar: sin el Indio Solari, el rock argentino desde los 90 hasta hoy, no sería lo mismo. Su influencia está en cada banda, en cada artista que se atrevió a soñar, a escribir y a interpretar con identidad propia. Pero esto va mucho más allá de la música. El fenómeno Indio Solari es una marca social y cultural que no tiene igual. Sus fans, ¡los ricoteros!, crearon códigos, símbolos, una forma de pertenencia que se volvió una identidad colectiva. No era solo ir al recital, era ser parte de algo. Y lo más increíble es que, con el paso de los años, el Indio siguió convocando a pibes y pibas de todas las generaciones. Los que crecieron con Los Redondos siguen con la piel de gallina, y los más jóvenes descubren esa obra que no pierde vigencia. La trayectoria de Carlos Alberto Solari, como líder de Los Redondos y como solista, es uno de los capítulos más gloriosos de nuestra música popular. Un repertorio que ya es patrimonio cultural de Argentina. Y lo seguirá siendo.