
La crecida del río Paraná en Santa Fe puso nuevamente en evidencia una problemática estructural histórica: unas ocho familias de Colastiné Norte debieron abandonar precarias viviendas construidas junto al terraplén Garello para levantar refugios improvisados del otro lado de la defensa, una situación crítica que se repite en la Vuelta del Paraguayo, barrio El Pozo y el corredor de la ruta nacional 168, impulsada por una bajante histórica que facilitó la ocupación de terrenos inundables ante la falta de respuestas habitacionales definitivas del Estado.
El impacto de la crecida en la costa santafesina
La crecida del río Paraná comenzó a mostrar en Santa Fe una de las consecuencias más previsibles de la ocupación de terrenos inundables. Familias que construyeron sus viviendas en sectores expuestos debieron abandonarlas para intentar empezar de nuevo unos metros más allá, en refugios improvisados con postes, chapas y lonas. En Colastiné Norte, a la altura del terraplén Garello y la calle Los Zorzales, cerca de la toma de agua, unas ocho familias de pescadores y changarines perdieron sus hogares cuando el agua avanzó sobre la costa.
Sin una solución habitacional que les permita instalarse en un lugar seguro, los afectados se trasladaron hacia el interior del anillo de defensa para levantar construcciones precarias junto a la casabomba. El episodio expone una contradicción que Santa Fe arrastra desde hace décadas: mientras los organismos públicos conocen cuáles son las áreas que inevitablemente se anegan, las ocupaciones se consolidan y las soluciones definitivas no llegan, obligando al Estado a intervenir de manera reactiva ante cada emergencia hídrica.
Un problema extendido en toda la región
El fenómeno no se limita a Colastiné Norte. La problemática se replica en la Vuelta del Paraguayo, Bajada Distéfano, La Guardia, diversos tramos de la ruta nacional 168, los terrenos bajos del barrio El Pozo y otros puntos de la costa. Asimismo, persisten familias radicadas en reservorios pluviales del oeste —como Barranquitas Oeste— y del noreste de la ciudad, espacios que cumplen una función hidráulica vital y que no están destinados a la urbanización permanente.
Esta situación es el resultado de un proceso de asentamientos que atraviesa distintas administraciones municipales, provinciales y nacionales. Ni la actual gestión de Juan Pablo Poletti ni la anterior de Emilio Jatón lograron revertir una problemática que se expandió durante años y encontró terreno fértil en la bajante histórica del río registrada durante la pandemia. Informes previos de El Litoral y relevamientos del Centro de Estudios Sembrar ya habían advertido sobre más de mil grupos familiares habitando terrenos no urbanizables, una cifra que datos municipales recientes elevan a unas 1.300 familias expuestas al riesgo hídrico en distintos grados.
El factor de la bajante y la responsabilidad estatal
La prolongada bajante del Paraná propició que sectores del valle de inundación quedaran expuestos y fueran ocupados por habitantes sin recursos económicos para acceder a un lote formal o por pescadores que priorizan la cercanía al río. Sin embargo, la ausencia temporal del agua no modifica la naturaleza del suelo ni elimina el riesgo latente.
Ante este escenario, la responsabilidad estatal abarca tanto el ordenamiento territorial y el control de nuevas ocupaciones como el desarrollo de alternativas habitacionales viables. El desafío exige equilibrar dos obligaciones simultáneas: impedir la proliferación de asentamientos en zonas no aptas y ofrecer respuestas sociales a quienes ya residen allí en condiciones de vulnerabilidad.
La postura del municipio y el contexto de El Niño
Consultada por este medio, la Municipalidad de Santa Fe reconoció que las familias de Colastiné Norte llevan más de seis años instaladas fuera del anillo de defensa y que su subsistencia está estrechamente ligada a la pesca. Desde el ejecutivo local indicaron que se realizan monitoreces y asistencias a través de la Dirección de Acción Social, además de traslados preventivos hacia el Centro Asistencial Integral N° 1 en la zona de la Vuelta del Paraguayo.
No obstante, el municipio remarcó que una solución de fondo requiere la articulación interjurisdiccional y la llegada de recursos nacionales para la construcción de planes de vivienda en zonas seguras. Mientras se trabaja en la prevención de nuevas ocupaciones, las autoridades advierten que los asentamientos consolidados con presencia de menores demandan un abordaje integral que garantice tanto la seguridad frente al riesgo hídrico como los derechos de subsistencia de las familias.
Esta vulnerabilidad se da en el marco de una transición hacia una fase de crecida asociada al fenómeno de El Niño. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó la continuidad de El Niño con alta probabilidad de precipitaciones abundantes, mientras que el Instituto Nacional del Agua proyecta que el Paraná continúe su ascenso en las próximas semanas, superando los 4,5 metros en el puerto local. Aunque estos valores se ubican por debajo de los niveles formales de alerta, su impacto es inmediato en las viviendas ubicadas fuera de las defensas, dejando una vez más pendiente la respuesta estructural que evite que la emergencia se repita con cada crecida del río.
